Cuando la fuerza que te impide colonizar Marte no es la gravedad, sino el amor, esto es AMARTE.
Por: Salvador Rubio.
«Para mí es difícil entender la realidad, pero cuando te veo a ti veo la neta.»
Dicha en el contexto de AMARTE, la más reciente entrega del director Roberto Girault, la línea no solo sirve como ancla afectiva entre sus protagonistas, sino como la declaración de principios de una película que, bajo el empaque de una ligera comedia urbana, esconde un reflejo agudo sobre la soledad, el duelo y la exposición mediática.
La premisa retoma con soltura de esquemas clásicos al estilo de varias rom-coms de antaño: el cruce fortuito entre una figura pública inalcanzable y un creativo solitario afincado en la periferia del éxito. Ella, interpretada por Cassandra Sánchez-Navarro en un registro que logra desligarla con solvencia de sus roles previos, es una actriz de fuerte presencia mediática que enfrenta en secreto una condición de salud crítica. Su entorno, lejos de ofrecerle contención, mercantiliza su dolor y vulnera su intimidad. Él, por su parte, es un ilustrador y guionista de cómics recluido en una cotidianidad excéntrica, volcado a la construcción de un universo propio junto a una dinámica familiar tan colorida como peculiar.

Lejos de tropezar en el sentimentalismo cursi, el mérito mayor de Girault reside en la pulcritud de su narrativa. El cineasta maneja los lugares comunes con una dignidad artesanal: entiende que el cliché no es un defecto si se utiliza como vehículo para explorar la psicología de personajes lacerados. La dirección de arte, impregnada de una iconografía pop que va desde los trajes espaciales hasta la cultura del cómic, opera como el refugio imaginario de quien necesita distanciarse de una realidad dolorosa. Es en este cruce de fascinación científica y afecto donde surge el verdadero tono poético de la cinta: «El universo es un misterio y eso es lo que lo hace tan hermoso y tan perfecto; podría decir lo mismo de ti».
En ese sentido, la interacción entre los personajes secundarios aporta el dinamismo más gozoso del filme. La coralidad que rodea al protagonista funciona como una maquinaria cómica bien engrasada, dotando a la cinta de un ritmo ágil y matices que equilibran la carga dramática de la trama principal. Sánchez-Navarro aporta el peso de una celebridad asfixiada que busca desesperadamente un espacio de autenticidad, mientras que la química colectiva sostiene el relato en sus pasajes más previsibles.
Aunque la arquitectura del guión permite anticipar sus giros dramáticos para el espectador experimentado, la historia no confía su valor únicamente a la sorpresa, sino al calor de sus interpretaciones y a la delicadeza con la que aborda la finitud. AMARTE demuestra que dentro del cine comercial mexicano es posible articular una comedia de enredos de factura impecable, capaz de dialogar con el trauma, la ausencia y la necesidad humana de encontrar refugio en el otro. Una propuesta entrañable que, entre risas y referentes geek, recuerda que amar, al final del día, es el único plan que vale la pena desobedecer.

La nueva película de Corazón Films, AMARTE, llega a cines el próximo jueves 22 de octubre y no se la pueden perder en cines.








