En Bahidorá, la música no se queda en el aire. Se pega a la piel, se comparte en el camino, se vuelve conversación entre desconocidos y, sobre todo, deja una pregunta incómoda y necesaria: ¿qué significa celebrar en un mundo que exige cuidados? Del 13 al 15 de febrero de 2026, en Las Estacas, Morelos, el festival vuelve a abrir su refugio más querido para recordarnos que el goce no está peleado con la conciencia; que bailar también puede ser una forma de corresponsabilidad.

Bahidorá lleva años construyendo una idea que hoy se siente urgente: la cultura no tiene por qué ser un evento que “pasa” sobre un territorio. Puede —y debe— ser una presencia que se integra, que escucha al ecosistema que la hospeda y que responde con acciones concretas. Por eso, su propuesta va más allá de “reducir daños”. La palabra clave aquí no es “impacto”: es regeneración.

Un festival que se mide para mejorar

La diferencia entre un discurso bonito y un compromiso real suele estar en lo menos glamuroso: medir, reportar, ajustar. Bahidorá ha decidido operar desde ahí, en alianza con Sabio Company, implementando un sistema integral de gestión ambiental que no se limita a la intención, sino que se sostiene sobre un modelo de mejora continua basado en cinco pilares: Capacitar, Medir, Optimizar, Compensar y Mejorar. Esto es una metodología que se revisa cada año según resultados, nuevas tecnologías y metas colectivas.

Dicho de otra forma: Bahidorá se toma en serio la idea de que “hacerlo mejor” es un proceso, no una campaña.

Un ecosistema que se cuida… y se regenera

Las Estacas no es “un venue”: es un organismo vivo. Y habitarlo implica reglas. En Bahidorá, eso se traduce en decisiones que rara vez aparecen en el cartel, pero que determinan la relación entre festival y territorio: niveles de sonido controlados, reubicación de escenarios fuera del parque natural, uso de materiales compostables y una gestión de residuos ejecutada por un equipo local especializado que separa y valoriza desechos.

Bahidorá 2026: la música que también regenera

En 2025, más de 65 toneladas de residuos fueron gestionadas y recicladas correctamente. Y el dato que parece pequeño —pero es enorme—: 50% de los vasos compostables se transformaron en composta para nutrir el suelo del parque. Lo que normalmente sería basura aquí regresa al ciclo: vuelve a ser materia, vuelve a ser suelo.

Ese es el punto: cuando un festival se compromete con el lugar que lo recibe, el resultado se nota en lo tangible. En lo que el territorio gana después de que se apagan los escenarios.

Huella neutral, impacto positivo

No hay manera de hablar de sostenibilidad sin tocar el tema incómodo: la huella de carbono. Bahidorá no lo esquiva. En 2025, el festival compensó el 100% de sus emisiones, equivalentes a 267 toneladas de CO₂, obteniendo un certificado oficial de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

Y esto no ocurre solo por decisiones internas: el público también juega. Ese mismo año, 62% de las personas asistieron en transporte compartido, reduciendo de forma significativa las emisiones vehiculares. Es un recordatorio de algo que a veces olvidamos: en un festival, la sostenibilidad no vive en el backstage, vive en lo cotidiano. En cómo llegas, qué consumes, cómo desechas, cómo te mueves.

Por décimo año consecutivo, Bahidorá reafirma su compromiso con la neutralidad de carbono apoyando proyectos mexicanos de captura y conservación forestal, como Scolel’té en Chiapas. No se trata de “borrar” el impacto, sino de asumirlo, contabilizarlo y compensarlo con responsabilidad.

Regenerar: la palabra que cambia todo

Pero Bahidorá no se define únicamente por neutralizar. El salto conceptual —y político— está en el siguiente paso: regenerar. Porque el futuro no se construye solo reduciendo daños, sino revirtiendo procesos.

Bahidorá 2026: la música que también regenera

En Las Estacas, los terrenos agrícolas de monocultivo que rodean el parque están siendo transformados en humedales naturales que atraen aves, anfibios y nuevas especies. Este proyecto ecológico convierte al festival en algo más que un evento anual: lo vuelve un programa piloto, una colaboración regenerativa donde la cultura funciona como catalizador de restauración ambiental. Un ejemplo raro y valioso en un país donde a veces la cultura se ve obligada a sobrevivir sin apoyo, y el medio ambiente resiste con lo poco que le dejamos.

Aquí, en cambio, la celebración se vuelve una herramienta para devolver vida.

Bahidorá 2026: comunidad en acción

La edición 2026 llega con una invitación clara: no vengas solo a consumir un fin de semana; ven a participar de una forma de vida compartida. Acciones simples, sí, pero profundamente significativas cuando miles las hacen al mismo tiempo:

  • Compartir transporte para reducir emisiones.

  • Elegir al menos un platillo vegetariano para cuidar el planeta y el cuerpo.

  • Usar un mismo vaso durante todo el festival.

  • Reutilizar y rellenar agua en los bebederos.

  • Separar residuos en los puntos de acopio.

No se trata de perfección. Se trata de dirección. De asumir que cada gesto suma porque forma parte de una cultura distinta: una que no entiende la sostenibilidad como tendencia, sino como práctica cotidiana.

Bailar sin dejar huella negativa

Quizá por eso Bahidorá se ha convertido en una de las experiencias musicales más conscientes de Latinoamérica: porque entiende que la euforia también tiene ética. Que la comunidad no es un concepto abstracto, sino una red de acciones que se sostienen entre sí.

Bahidorá 2026 será, una vez más, una celebración luminosa de música, agua, conciencia y posibilidad. Un recordatorio de que sí se puede crear y disfrutar en equilibrio con el mundo que nos sostiene.