El primer día siempre empieza antes del primer beat. Empieza en el camino: en el cambio de luz cuando sales de la ciudad, en ese aire más húmedo que anuncia agua cerca, en la sensación extraña —casi infantil— de estar a punto de entrar a un lugar que funciona con otras reglas. Llegas a Las Estacas y todo te pide bajar el volumen interno: caminar más lento, mirar más, escuchar mejor. Entonces sí: la música aparece. No como explosión, sino como señal. Como si la electrónica del viernes 13 estuviera diseñada para ayudarte a sincronizarte con el entorno y con la gente que llega con la misma intención: dejarse atravesar por el fin de semana.

Porque el arranque de Bahidorá es un umbral. Un portal que se abre con curaduría fina, con sets que respiran y con una idea clara: antes de acelerar, primero hay que entrar.

El inicio: cuando el cuerpo aprende el idioma del festival

El viernes tiene una pedagogía secreta. Es el día en el que todavía estás calibrando sentidos: el calor, la caminata, el agua cerca, la conversación con extraños, el reconocimiento de los escenarios como si fueran coordenadas nuevas. Por eso esta jornada suele privilegiar otra forma de intensidad: la que se construye por capas. Menos golpe directo, más trance; menos “momento viral”, más atmósfera.

La electrónica aquí no es un accesorio nocturno: es un lenguaje que te acomoda el pulso para lo que viene.

Satoshi Tomiie (live): el house emocional

Si hay alguien que entiende la música electrónica como oficio y narrativa, es Satoshi Tomiie. En formato live, su fuerza está en la paciencia: cómo arma tensión sin necesidad de empujarla, cómo hace que el groove sea un espacio habitable. Su house tiene algo de arquitectura emocional, de diseño sonoro que se sostiene en el detalle.

En un festival donde el contexto importa tanto como el volumen, Tomiie funciona como un primer acto perfecto: te mete, sin prisa, a la lógica Bahidorá.

Wata Igarashi: trance para quienes prefieren perderse

Con Wata Igarashi el viernes se vuelve túnel. Su mezcla de techno y trance no es “para lucir”, es para atravesar: repetición que hipnotiza, energía que crece sin anunciarse, una especie de meditación física. Es de esos sets que no te piden atención en la superficie, sino entrega.

Si lo tuyo son los viajes largos y el sonido que te reconfigura, aquí está el punto de quiebre.

Shanti Celeste: groove cálido, club con humanidad

En contraste, Shanti Celeste suele traer una energía más luminosa: house y breaks con un groove que no necesita gritar para ser irresistible. Hay algo profundamente humano en su manera de mezclar, como si el set estuviera pensado para reunir, no para competir.

Este tipo de momentos son los que vuelven a Bahidorá lo que es: una comunidad bailando sin tensión, con sonrisa, con complicidad.

SISI y Xiaolin (live): un excelente descubrimiento

El cartel del viernes también se disfruta como cacería de hallazgos. SISI y XiaoLin (live) son ideales para quienes vienen a descubrir: sets donde el detalle importa, donde el ritmo no es solo energía sino textura, y donde cada transición dice algo.

Aquí Bahidorá hace lo que mejor sabe: confiar en la inteligencia del público y apostar por sonidos que no están hechos para el algoritmo, sino para el cuerpo.

Edward (live), Leafar Legov (live) y Konstantin: para sostener la noche

Hacia el final, el viernes se arma como noche larga, de esas que no se recuerdan por un solo “peak”, sino por el estado que construyen. Edward (live) y Leafar Legov (live) se mueven entre sensibilidad y contundencia, y Konstantin aparece con ese tipo de selección que sabe sostener el clima sin caer en lo obvio.

No es el cierre estridente: es el cierre que te deja dentro.

Yamour, TAU CAR y Map.ache (live): confirmación del portal abierto

A esa hora, cuando el cuerpo ya entendió el idioma del lugar, llegan sets que funcionan como confirmación: ya cruzaste. Yamour, TAU CAR y Map.ache (live) completan esa idea de electrónica como atmósfera: música que no se agota en el beat, sino que se expande en capas, texturas y groove.

La sensación no es “ya empezó el festival”. Es “ya estamos aquí”.

Cómo vivir el viernes 13 sin perder lo esencial

  • Llega con tiempo: este día premia la calma.

  • Acordar un punto de encuentro (con señas claras) te salva en un entorno grande.

  • Alterna sets con pausas: el primer día es de aclimatarte, no de agotarte.

  • Usa el viernes para descubrir: en Bahidorá, los “no obvios” suelen convertirse en tus imprescindibles.

Viernes 13 #EnBahidorá: electrónica curada para abrir el portal

El viernes 13 en Bahidorá no busca imponerte una narrativa; te invita a entrar en una. Electrónica curada para abrir el portal: para sincronizarte con el agua, con el aire, con el pulso colectivo. Para que el fin de semana no comience en el escenario, sino en tu manera de habitar el lugar.

Consigue tus boletos ya, nos vemos #EnBahidorá.