Durante mucho tiempo, la música urbana en español estuvo dominada por personajes duros, egos inflados y emociones filtradas a través de la ironía o la distancia. Jesse Baez eligió otro camino. Desde hace más de una década, su proyecto ha insistido en algo poco común dentro del R&B latino y sus ramificaciones: mostrar la fragilidad sin disfrazarla, hablar del amor, el desgaste y la incertidumbre sin convertirlos en espectáculo.
Esa forma de narrarse lo ha llevado, paso a paso, a construir una carrera que no responde a tendencias inmediatas, sino a procesos personales. El próximo 6 de febrero de 2026, Jesse Baez se presentará en el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México, un recinto que parece hecho a la medida de su propuesta: cercano, acústicamente cuidado y propicio para una experiencia emocional más que para la pirotecnia visual.

El año pasado, Baez dejó claro que su proyecto atraviesa un momento clave. Su participación en Vive Latino marcó un punto de encuentro con audiencias más amplias, confirmando que su música ya no habita solo los márgenes alternativos. A esto se sumó el lanzamiento de Henry: Deuces, versión extendida de Henry (2024), un trabajo que funciona como cierre de ciclo y, al mismo tiempo, como declaración de independencia creativa.
Más que un simple relanzamiento, Henry: Deuces se siente como un ajuste de cuentas consigo mismo. Las canciones no buscan respuestas definitivas, sino que se mueven en la incomodidad de los procesos largos: el cansancio emocional, los cambios forzados, la reconstrucción desde cero. Jesse Baez no escribe desde la victoria, sino desde el tránsito, y ahí radica gran parte de su fuerza.
Nacido en Chicago, criado en Guatemala y actualmente establecido en la Ciudad de México, Jesse Baez encarna una identidad latinoamericana híbrida que también se refleja en su sonido. Su música dialoga con el R&B, el trap y el pop alternativo, pero nunca se somete del todo a ninguno. Esa flexibilidad le ha permitido colaborar con artistas como C. Tangana o Latin Mafia sin perder una voz propia, reconocible desde los primeros segundos.
Lo que distingue a Baez dentro de la escena actual no es solo su timbre suave o su estética nocturna, sino la forma en que aborda la masculinidad. En sus letras, el deseo convive con el miedo, el amor con la culpa, la nostalgia con la ansiedad. No hay personajes invencibles ni discursos grandilocuentes. Hay contradicción, duda y una honestidad que rara vez se permite a los hombres dentro de la música popular.
Su etapa más reciente también habla de un artista que vuelve a sentir entusiasmo por crear. Tras años de tensiones internas y estructuras que limitaban su ritmo, Jesse Baez parece haber recuperado algo esencial: la libertad de experimentar sin la presión de cumplir expectativas ajenas. Esa sensación de “volver al inicio”, pero con la experiencia acumulada, atraviesa su música actual y redefine su relación con el público.

El concierto en el Teatro Metropólitan no solo representa un nuevo hito en su carrera, sino una oportunidad para vivir su proyecto en un formato más íntimo. Todo apunta a una noche donde las canciones respiren, donde los silencios importen tanto como las melodías, y donde la conexión emocional esté por encima del exceso.
En un panorama saturado de poses, Jesse Baez sigue apostando por la vulnerabilidad como lenguaje. No como estrategia, sino como necesidad. Y quizá por eso, su música sigue encontrando eco en quienes buscan algo más que ruido: un reflejo honesto de lo que significa sentir sin blindarse.
Los boletos para su presentación del 6 de febrero de 2026 en el Teatro Metropólitan ya se encuentran disponibles a través de Ticketmaster. Una cita imperdible para quienes entienden la música como un espacio de catarsis, cercanía y verdad.








