LANY vuelve a la Ciudad de México este 2 de mayo para presentarse en el Pepsi Center WTC como parte de su Soft World Tour. El regreso no llega como una simple parada más en la agenda internacional de la banda. Para el público mexicano, LANY ocupa un lugar muy específico: el de esas canciones que acompañaron rupturas, mensajes no enviados, noches largas y una forma muy particular de romantizar el desastre emocional con sintetizadores brillantes, guitarras limpias y coros hechos para cantarse con el pecho abierto.

La banda comandada por Paul Klein se presenta en CDMX en un momento distinto de su carrera. El dramatismo de sad boy adolescente que marcó buena parte de su identidad inicial sigue ahí, pero ahora aparece con otra temperatura. En Soft y Soft 2, LANY se mueve hacia una sensibilidad más pulida, más cercana al R&B de finales de los noventa, sin abandonar los elementos que la hicieron reconocible: producción electrónica, melodías melancólicas y esa manera tan directa de escribir sobre el amor cuando ya empezó a doler.
Ese cambio le sienta bien. LANY ya no parece buscar la herida inmediata, sino el eco que deja después. Las canciones nuevas tienen menos urgencia confesional y más espacio para respirar; suenan nocturnas, elegantes, menos impulsivas. El proyecto no renuncia a su ADN emocional, pero lo acomoda en una etapa más adulta, como si esas mismas historias de desamor hubieran dejado de escribirse desde la habitación de la adolescencia para pasar a una ciudad más grande, más cara y más difícil de habitar.
El concierto en el Pepsi Center WTC también tendrá ese juego de tensiones entre presente y archivo sentimental. Aunque la gira acompaña esta nueva etapa, sería imposible imaginar una noche de LANY sin canciones que ya funcionan como coordenadas afectivas para sus fans. “ILYSB”, de su debut homónimo, conserva ese lugar de himno íntimo que sobrevive al desgaste de los años, mientras que Malibu Nights sigue siendo el disco al que muchos regresan cuando necesitan que el pop les diga exactamente lo que sienten sin disfrazarlo demasiado.
Ahí está parte de la conexión entre LANY y la CDMX: en la forma en que sus canciones no piden distancia crítica antes de entrar. Se entienden de inmediato. Hablan en clave de nostalgia, de relaciones que se estiran más de lo sano, de mensajes que uno debería borrar y de esa tristeza estilizada que encontró en el alt-pop una manera de sonar enorme sin dejar de sentirse personal.
Hacia atrás, la historia de LANY también ayuda a entender por qué su regreso importa. En la segunda mitad de los 2010, mientras proyectos como The 1975 y Troye Sivan recuperaban la nostalgia ochentera y noventera para vestir canciones de pop alternativo, LANY encontró su propio lugar en esa conversación. No desde la grandilocuencia ni desde la pose experimental, sino desde una fórmula más directa: canciones limpias, emocionales, hechas para escucharse de madrugada y quedarse pegadas durante años.
Este 2 de mayo, LANY llega a la capital mexicana con material nuevo, una estética más suave y un repertorio que probablemente volverá a convertir al Pepsi Center WTC en una sala llena de voces cantándole a alguien que, muy probable. Consigue tus boletos a través de Ticketmaster.








