En un rincón del internet, entre glitches, loops y letras rotas, Lucas Strack ha creado su propio diario musical. Desde Estados Unidos, este joven productor y cantante escribe canciones como quien deja mensajes secretos en notas adhesivas: breves, directas y cargadas de emoción.

Su catálogo es un espejo digital de lo que se siente estar creciendo entre pantallas y contradicciones. En temas como “capecod” (producido por YUNGMEXICANBIH), “ur not here”, “nothing left 2 say” y “2 bad so sad”, Lucas transforma la tristeza cotidiana en melodías pegajosas que flotan entre lo-fi pop y estética glitch. Pero también hay lugar para la introspección brutal en piezas como “imposter”, “love sick” y “club lullaby”, donde el beat suave contrasta con letras que raspan.

Su voz —a veces susurrada, a veces apenas un eco— no busca el protagonismo: quiere acompañar. Y lo logra. Lucas escribe para los que piensan demasiado, para quienes se sienten fuera de lugar y para quienes encuentran consuelo en una canción que suena a madrugada sin respuestas.

Lucas Strack es parte de una generación que ya no quiere aparentar, sino sentir. Sus canciones no son hits de estadio: son confidencias electrónicas que se escuchan mejor con audífonos y luces apagadas. Y justo ahí, en esa intimidad, es donde ocurre la magia.

Escucharlo es como leer un diario abierto. Uno que, quizás sin darte cuenta, también habla de ti.