Padre, Madre, Hermana, Hermano: El Tríptico de lo Cotidiano

Por: Salvador Rubio.

¿Qué sucede cuando un poeta, un músico y un cineasta posmoderno convergen en una sola mente para diseccionar las relaciones familiares? Gracias a una conjunción de coincidencias universales, esas facetas se reúnen en el genial Jim Jarmusch, quien en esta ocasión nos ofrece un tríptico de historias tan humanas, sencillas y cotidianas que no necesitan entrelazarse narrativamente para estar profundamente conectadas.

En la primera historia, ambientada en un gélido Nueva Jersey, Tom Waits encarna al Padre junto a Adam Driver como el Hijo. Jarmusch, habiendo colaborado previamente con ellos en Down by Law (1986) y Paterson (2016), nos obsequia un deleite para cinéfilos al presentarlos como familia. Se les une Mayim Bialik como la hija, aportando carisma y frescura a una reunión marcada por la ausencia de una madre fallecida y el colapso emocional de un patriarca que parece habitar en sus propios silencios.

Padre, Madre, Hermana, Hermano (Reseña)
Fotograma cortesía de: MUBI.

La segunda entrega, situada en Dublín, nos muestra la tradicional reunión anual para tomar el té entre una madre y sus dos hijas. Charlotte Rampling ofrece una actuación extraordinaria como la Madre —una exitosa escritora de novelas románticas de las que nunca habla— mientras Cate Blanchett, como la tímida Timothea, y Vicky Krieps, como la impetuosa Lilith, encarnan a dos mujeres hambrientas de la aprobación de una figura materna abrumadora. Sus nombres, cargados de simbolismo, ya nos adelantan la esencia de sus personalidades en conflicto.

Padre, Madre, Hermana, Hermano (Reseña)
Fotograma cortesía de: MUBI.

El cierre nos traslada a París con dos hermanos mellizos: Skye (Indya Moore) y Billy (Luka Sabbat). Tras la muerte de sus progenitores, regresan a una casa llena de recuerdos felices para decidir qué hacer con el pasado. Aquí surge una paradoja fascinante: el retrato de unos padres cercanos en afecto, pero desconocidos en su esencia; una pareja de la que sus propios hijos ignoran a qué se dedicaban realmente.

Estas tres historias se cohesionan mediante una simbología magistral. El Rolex no es solo un objeto de lujo, sino la representación física del tiempo heredado y la carga de la finitud. El ritual de servir té o café subraya la hospitalidad tensa de quienes se saben extraños a pesar de la sangre. Finalmente, los skaters que cruzan el plano representan una libertad fluida que contrasta con la “pesadez” existencial de los protagonistas.

A pesar de que en los dos primeros relatos hay un progenitor vivo, en las tres historias gravita el peso de la ausencia. Esa sensación de orfandad —física o emocional— impregna cada cuadro. Como el músico que es, Jarmusch domina el tempo del filme; los silencios y la entrada quirúrgica de la banda sonora elevan esta obra a una pieza magistral que marca un antes y un después en la mirada del espectador.

Padre, Madre, Hermana, Hermano (Reseña)
Fotograma cortesía de: MUBI.

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