Una experiencia que se vive y difícilmente se repite

Premiada con el Gran Premio del Jurado en Cannes y reconocida en los Globos de Oro y los Goya, Sirāt: Trance en el desierto ha sido descrita por la crítica internacional como una obra radical y estimulante, capaz de expandir los límites del cine contemporáneo. Más allá de los galardones, lo que la convierte en un acontecimiento cinematográfico es la manera en que logra transformar lo íntimo en universal, invitando al espectador a un viaje sensorial que se siente tan personal como colectivo.
La película se construye lentamente, con una ejecución magnífica en cada plano: la fotografía captura la inmensidad del desierto como un espacio de trance, mientras la música de Kangding Ray se convierte en un latido que acompaña cada escena. No es solo una banda sonora, es un pulso que se sincroniza con tus propios latidos, un rave emocional que te sorprende en el momento menos esperado. Esa conjunción entre imagen y sonido genera una atmósfera inmersiva que te mantiene al filo del asiento, conteniendo el aliento.

Sirāt: Trance en el desierto (Reseña)
Fotograma cortesía de: Zima entertainment

Uno de los aspectos más poderosos es cómo aborda la resiliencia humana y los conflictos armados sin necesidad de señalar un lugar específico. Esa ambigüedad convierte la historia en un espejo de cualquier territorio marcado por la violencia, pero también en un recordatorio de que la esperanza y la comunidad pueden surgir en los lugares más inesperados. La película habla de fe, apoyo, dolor y amor, y lo hace con una sinceridad que desarma.
Al salir de la sala, la sensación es clara: Sirāt es una película que se debe ver al menos una vez en la vida. Recomendarla es fácil, porque su impacto es inmediato y profundo. Sin embargo, verla de nuevo no resulta tan sencillo. La primera experiencia es tan envolvente que deja una huella difícil de replicar; es como vivir un trance que solo se siente plenamente la primera vez, cuando no hay expectativas. Con el tiempo, quizá valga la pena regresar a ella para descubrir cómo cambia nuestra perspectiva, pero esa primera inmersión es irrepetible.

Sirāt: Trance en el desierto (Reseña)
Fotograma cortesía de: Zima entertainment

En definitiva, Sirāt: Trance en el desierto no es solo cine: es un acontecimiento sensorial, un golpe de adrenalina y una reflexión sobre lo que significa ser humano en comunidad. Una obra que se recomienda sin titubeos, porque más que verla, se vive.
Aquí compartimos el tráiler oficial: