Hay bandas que buscan reinventar el rock… y otras que entienden perfectamente que el verdadero secreto está en hacerlo sonar enorme, divertido y honesto. The Slowstarters pertenecen totalmente a la segunda categoría.
Directamente desde Kolding, Dinamarca, esta banda llega con una propuesta que ellos mismos definen como “draft beer rock”. Y honestamente, no podría existir una mejor descripción. Porque su música suena exactamente a eso: riffs pesados, solos largos, actitud desenfadada, melodías pegajosas y una cantidad peligrosamente saludable de cowbell.
Formados por Dennis Nielsen en la batería, Frank Lange en guitarra, Peter Mikkelsen en guitarra y coros, Tobias Dalby en la voz y Pauli Tjørnudal en el bajo, The Slowstarters parecen entender algo que muchas bandas modernas olvidaron hace tiempo: el rock también tiene que sentirse divertido.
Tras debutar en 2022 con “Draftbeer Rock n’ Roll”, la agrupación regresa ahora con su segundo álbum: “Dirty Little Angel”, lanzado el pasado 30 de mayo de 2025.
El disco, compuesto por 8 canciones y 35 minutos de pura energía, funciona como una carta de amor al hard rock clásico, pero sin quedarse atrapado en la nostalgia. Hay influencias evidentes del rock setentero y ochentero, sí, pero también una vibra fresca que evita que todo se sienta como simple homenaje.
Y eso se nota especialmente en canciones como “Dance With The Devil”, donde las guitarras entran directo al ataque mientras la banda construye un sonido explosivo y lleno de actitud. Es de esos tracks que parecen diseñados para sonar a todo volumen en carretera… o en un bar lleno de cerveza derramada y amplificadores al límite.
Luego aparece “Sweet Maria”, mostrando un lado ligeramente más melódico y clásico, sin perder la fuerza que define a la banda. Aquí, The Slowstarters encuentran equilibrio entre energía y gancho, demostrando que también saben construir canciones memorables más allá del riff pesado.
Y con “Aim To Please”, la banda vuelve a acelerar, apostando por una vibra intensa, directa y completamente rockera. Todo aquí se siente hecho para el escenario: solos extensos, baterías contundentes y esa sensación de que la canción podría extenderse diez minutos más en vivo sin problema alguno.
Lo interesante de The Slowstarters es que jamás intentan sonar sofisticados o pretenciosos. Su propuesta funciona precisamente porque abraza el espíritu más básico y poderoso del rock: hacer música para pasarla bien.
En tiempos donde gran parte del género parece obsesionado con verse demasiado serio, ellos recuerdan que el rock también nació para levantar vasos, gritar coros y perder un poco el control.
Y sí… probablemente también para meter muchísimo cowbell.








